. Eudes Navas-Camacho La aurora de los próximos quinientos años en Santa Ana de Coro la tenemos frente a nosotros. Ahora hagamos que florezca. Como las aguas, dejémosla que corran, siempre lo harán en su favor y esta es nuestra idea, ir a favor de lo naturalmente necesario. Una ciudad es necesaria, la propia más. Tengamos en cuenta esto: Hay ciudades que se agotan en su propio plano. Uno puede recorrerlas de un extremo al otro y, al final, solo ha cambiado de esquina. Tienen calles, edificios, nombres, plazas y alguna que otra estatua que recuerda a alguien que casi nadie tiene en cuenta. Son ciudades que terminaron de ocurrir hace tiempo y que, desde entonces, se dedican a administrar su pasado. Así, hay otras ciudades que se niegan a terminar. Si, ciudades que, aun cuando parecen dormidas, continúan haciendo preguntas debajo de las piedras. Ciudades que esconden una conversación en el patio de una casa, una música detrás de una ventana, una palabra que pasa de una generación a o...
Querida Olga Elena: Es fácil imaginarse poder hablarte, lo que seguro estará difícil es cómo empezar, porque lo que quiero pedirte no es un favor corriente. No te pido tiempo, ni gestión, ni un gesto amable que se agradece y se olvida. Te pido tu mirada. Y eso es más grave y más hermoso. He pensado mucho en estos días. En tu persona. En tus 88 años. En tu lugar al frente del Ateneo de Coro. Pero, sobre todo, en algo que no sabía cómo nombrar hasta que una conversación me fue mostrando una verdad que ya llevaba adentro: tú eres para mí, una Alicia. No la niña del cuento que cae por asombro. Esa es la que todos conocen. La tuya es otra. Te he visto como la Alicia que desanduvo el país de las maravillas . La que recorrió el absurdo, la arbitrariedad, las reinas de corazones que gritan sin razón, los sombrereros que festejan los desasurdo, los gatos que se borran dejando solo la sonrisa. Y no solo lo recorriste: volviste sobre tus pasos. Con l...