El "Ángulo del Espanto" describe un orden congelado donde el miedo se internaliza y el silencio sustituye a la política. Tras el 3 de enero de 2026, el poder gestiona el vacío y la incertidumbre, revelando una normalidad catastrófica sin futuro.
I. La Fisiognomía del Miedo Territorial El miedo de proximidad no es una simple emoción, sino una técnica de reproducción mecánica del control. Como un pilar que sostiene templos en ruinas, la legitimación política se sirve de la amenaza fronteriza para suspender el tiempo histórico. En la cercanía del "enemigo", la población no elige; se somete a una coreografía de la supervivencia. Lo que en tiempos de paz sería una distorsión intolerable, bajo el aura de la amenaza se convierte en la única gramática posible.
II. El 3 de enero: La Imagen
Dialéctica ¿Qué ocurrió en las horas que rodearon el 3 de enero de 2026? La
historia no es un hilo, sino una constelación de peligros. La captura y
extracción de Nicolás Maduro y su entorno no pueden leerse solo como un evento
jurídico en Nueva York, sino como una insolencia técnica. Se trata de la
irrupción de una fuerza exterior que desarticula la soberanía nominal para
convertirla en un expediente judicial. El registro emocional del pueblo no es
una página en blanco, sino un palimpsesto donde el miedo al vecino y el miedo
al imperio se anulan y se potencian simultáneamente.
III. La Normalidad como Catástrofe Se nos advirtió: "que las cosas sigan así, esa es la catástrofe"(W.Benjamin). ¿Es normal tanta normalidad tras el vacío del poder? El "silencio ensordecedor" de las calles de Venezuela no es ausencia de pensamiento, sino un estado de choque ante la consumación de lo impensable. Los medios de masas, atrapados en su propia fantasmagoría de intereses y temores, son incapaces de recoger los fragmentos de esta realidad. No hay crónicas, solo restos de una narrativa que se desmorona.
IV. El Poder Popular: Un Aura Perdida Donde otros fracasaron en conectar, el régimen intentó tejer la ilusión del "Poder Popular". Sin embargo, esta mención se vació de contenido, sustituida por siglas y motores que nunca encendieron la vida cotidiana. La realidad de la gente no fue la épica de la resistencia, sino la estética de la penuria: la precariedad de la mesa y el hueco dejado por los que emigraron. El "Poder Popular" devino en un objeto de museo antes de haber nacido plenamente en la historia.
V. El Riesgo Consumado Se ha concretado el riesgo. Mientras en los tribunales del norte se redactan sentencias y en Caracas se juramentan relevos para mantener una institucionalidad de cartón piedra, el pueblo habita el silencio. Los llamados oficiales a la "calma" y la "normalidad" son el último refugio de una política que ya no puede ofrecer futuro, solo la administración del presente estancado. La historia ha dado un vuelco, pero en las calles, nadie se atreve a pronunciar el nombre del estruendo.
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